Manténganse locos, pero comportándose como personas normales. Corran el riesgo de ser diferentes, pero aprendan a hacerlo sin llamar la atención.

lunes, 1 de febrero de 2010

El encuentro


Estaba lloviendo, todos corrían rápidamente a protegerse de la lluvia, los locales estaban abarrotados, yo caminaba tranquilamente por la calle y entonces te vi... caminabas a paso lento al igual que yo, disfrutando del roce de la lluvia por tu cuerpo mientras los demás se apresuraban a alejarse de ahí, estabas tan hermoso, no había fracción de ti que no me gustara, tus ojos cafés resplandeciendo bajo la lluvia, esos hermoso labios que invitaban a saborearlos en ese instante, tu cabello, escurriendo por el agua pero increíblemente perfecto, tu forma de caminar que hipnotizaba a quien volteara a verte, esa ropa tan particular que no se le vería bien a nadie que no fueras tu, continuabas con tu lento andar, cuando de pronto tus ojos se cruzaron con los míos y algo estalló... La lluvia, la gente, los autos, todo desapareció; solamente estábamos tu y yo en el mundo, nadie más; me sonreíste y te acercaste a mí y lo siguiente que supe fue que tus labios rozaban los míos y comenzaban a besarlos con ansiedad, como si ese fuera el último momento para saborearlos, tus manos agarraban mi cabeza y la acercaban más y más a ti con insistencia, mis brazos rodeaban tu cintura y te apretaban más a mí, la lluvia mojaba nuestros rostros mientras nos empapábamos de romance y pasión y entonces los besos cesaron, nos desprendimos poco a poco de ese momento de amor y entonces volviste a sonreírme, tu mano rozó la mía y continuaste tu camino. Ahora me pregunto si es que volveré a verte algún día o simplemente desaparecerás y sólo quedará el recuerdo de nuestro breve encuentro bajo la lluvia.

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Ella cada día lo consideraría un milagro, lo cual no deja de ser así, si se consideran todas las probabilidades de que sucedan cosas inesperadas en cada segundo de nuestra fragil existencia.