
No hace falta que te jure querido compañero que no debí quererte sin embargo te quiero, así que no hagas trampas que sabes ya de sobra cuál es mi debilidad. Aquí es cuando tus ojos me dejan desarmada rompiendo en mil trocitos mi parte más exacta.
El papel es prudente. El papel no te es infiel, no te caga, te deja ser. No te pone cara de circunstancia, aunque le estés contando que tienes morbo con las ratas egipcias o que te excita ver como los murciélagos duermen en el tapa rollo de tu ventana. Escribir era también comunicar, aunque mis escritos siempre terminaban escondidos y sin participarle al mundo mi dolor, mi felicidad o mi disconformidad.
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