El otro día me preguntaste que cuándo me había enamorado de ti. Juro que no supe qué responderte.
Quizás sea porque ni yo misma sé cuando me enamoré de ti.
Tal vez fue cuando te vi por primera vez. Quizás fue ese día en que nuestras manos se tomaron juntas y caminamos por la vida sin preocupaciones. Probablemente fue el día que comimos juntos o el día en que vimos esa película a la cual no le presté atención por verte a ti. Puede ser que haya sido el día que me abriste la puerta de tu auto como todo caballero que eres. O ese día que llovió y me diste tu suéter para que no me mojara aunque eso significó que contrajeras un resfriado. Quizás fue en medio de esa plática sin sentido que mantuvimos muchas veces o cuando me mostraste parte de tu corazón. Quizás fue la primera vez que me dijiste “Te Quiero” o cuando me dijiste que me extrañabas. Tal vez fue ese día que no dijimos nada y solo miramos la vida pasar. Probablemente fue el día que me apoyaste como nadie o el día que me acompañaste a triunfar. Tal vez fue el día que nos dormimos abrazados o el día que me trajiste a casa después de estar juntos toda la tarde. Quizás fue el día en que me tomaste en cuenta para tus asuntos importantes. Tal vez fue cuando quisiste mostrarme el mundo incluso aunque no estaba arreglada y eso no te importó.
Creo que pudo haber sido una de esas veces cuando me enamoré de ti. Puede que cada día me hayas enamorado con tus detalles. Pero lo único que puedo decirte con sinceridad es que me enamoré de ti. No sé cuándo ni cómo, pero sucedió.
El papel es prudente. El papel no te es infiel, no te caga, te deja ser. No te pone cara de circunstancia, aunque le estés contando que tienes morbo con las ratas egipcias o que te excita ver como los murciélagos duermen en el tapa rollo de tu ventana. Escribir era también comunicar, aunque mis escritos siempre terminaban escondidos y sin participarle al mundo mi dolor, mi felicidad o mi disconformidad.
Manténganse locos, pero comportándose como personas normales. Corran el riesgo de ser diferentes, pero aprendan a hacerlo sin llamar la atención.
sábado, 26 de junio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Ella cada día lo consideraría un milagro, lo cual no deja de ser así, si se consideran todas las probabilidades de que sucedan cosas inesperadas en cada segundo de nuestra fragil existencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario