
Hoy me siento como una niña pequeña en espera de poder abrir un regalo, el cual solamente puede ver, tocar, pero nada más allá de eso porque la envoltura se lo impide. Un precioso regalo que desea abrir fervientemente y por el cual espera el tiempo necesario para tenerlo en sus manos, pero conforme pasa el tiempo, ella se va acostumbrando a tenerlo solamente por fuera y se siente a gusto de esa forma, comienza a sentirse cómoda, aunque quisiera abrirlo y explorarlo más a fondo, entiende que debe aguardar y un día, quizás ese regalo le sea abierto. Sin embargo, un día, sin previo aviso, tiene frente a ella el regalo desenvuelto, finalmente es libre para poder hacer lo que quiera con él pero no sabe cómo actuar. Por un lado desea jugar y experimentar todo lo que soñó, pero por otro lado se había acostumbrado tanto al hecho de tenerlo envuelto que no tiene idea de qué hacer frente a lo desconocido. Comienza a explorarlo y le agrada, pero la incomodidad es más fuerte que el hecho de estar disfrutando del juguete que tanto soñó y una parte de ella desearía regresarlo a la caja y hacer como que nada pasó pero no puede hacerlo ya que una vez desenvuelto el juguete, jamás puede ser el mismo. Así me siento hoy y sé que no es una buena metáfora, pero fue la manera más sencilla de explicarlo.
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